miércoles, 18 de junio de 2008

COMPARTIENDO EL EVANGELIO - SOMOS DISCÍPULOS Y MISIONEROS

Simplemente hay que estar convencido, entusiasmado, tener pasión y ardor por la Iglesia y así, en las realidades que cada uno tenga, ¡vivir intensamente con fidelidad y perseverancia!

Reflexiones de Monseñor Rubén Oscar Frassia
Obispo de Avellaneda Lanús


Domingo 15 de Junio de 2008
11º domingo durante el año
Evangelio según San Mateo 9, 35 – 10, 8 (ciclo A)



15 de junio, día del padre:

Rezamos por todos los padres para que la oración los ayude a vivir con responsabilidad esa paternidad que es inclaudicable y que tiene que estar siempre presente.

¡Qué importante es la presencia de la madre, pero qué fundamental es la presencia del padre!

Que Dios bendiga a los papás y sus hijos; que Dios bendiga aquellos que ya han partido a la Casa de Dios, nuestro Querido Padre.


Evangelio: somos discípulos y misioneros


Este es un Evangelio misionero. Jesús nos envía porque somos sus discípulos y al ser discípulos somos enviados como misioneros.

El querido Papa Pablo VI decía que cuando la Iglesia toma conciencia de sí, cuando se da cuenta, cuando se descubre, se hace misionera y se hace diálogo con el mundo. La Iglesia tiene una misión y esa misión es, como la sal en la masa, ser fermento en los ámbitos, en las personas, en las familias, en las instituciones, en lo social, en lo laboral, en lo público, en lo cultural, en lo económico, en todos los ámbitos tenemos que ser fermento. Como la sal que sazona toda la masa, le da gusto y también cohesión.

Es importante recordar que el Sínodo de América Latina y el Caribe, reunido el año pasado en Aparecida, Brasil, y que contó con la presencia del Papa Benedicto XVI, fue tan fuerte ya que nos invita a todos a tomar conciencia de nuestro discipulado; tomar conciencia activa de nuestra pertenencia al Pueblo de Dios y de nuestra misión; a tomar conciencia también de lo que significa la presencia de Cristo -que está vivo- en medio de la sociedad. Por eso ¡tenemos que salir e ir a todos!; comenzando por los que están cerca y llegando a los que están últimos.

¿Quiénes son los que están cerca?

¿Y quiénes son los que están lejos?

¿Cómo salimos?

A veces podemos caer en la tentación de quedarnos encerrados en un pequeño mundo y, “como el problema es tan amplio, tan grande”, no hacemos nada. ¡Ni una cosa, ni la otra! Simplemente hay que estar convencido, entusiasmado, tener pasión y ardor por la Iglesia y así, en las realidades que cada uno tenga, ¡vivir intensamente con fidelidad y perseverancia! ¡No se puede hacer todo, pero hay que hacer algo!, y ese algo lo tiene que hacer usted y es irremplazable.

Pidamos al Señor entusiasmo, pero sobre todo convicción del amor. Si tenemos amor vamos a misionar. Y si no misionamos, no digamos que es porque no tenemos tiempo, sino digamos “¡que poco amor tenemos por el Señor, y porque tenemos poco amor no tenemos tiempo!”

Les dejo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén


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