Cuando miro al último de mis hijos, no puedo creer el error hubiésemos cometido, lo que me hubiese perdido y el dolor que sentiría al saber que había asesinado a mi compañero de la vida, a ese que trabaja y me acompaña continuamente, a quien desayuna todas las mañanas junto conmigo... ¡que gran error imperdonable que hubiéramos cometido!, ¡algo que ni nosotros mismos nos hubiésemos perdonado jamás!
Por Hector Alberto Balbastro
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Usus Antiquior -- Il Credo
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Nella nostra traduzione da Substack. Notiamo come in questa versione, che
affianca quella di Michael Foley* da New Liturgical Movement*, venga messo
in ris...
Hace 2 horas

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