Cuando miro al último de mis hijos, no puedo creer el error hubiésemos cometido, lo que me hubiese perdido y el dolor que sentiría al saber que había asesinado a mi compañero de la vida, a ese que trabaja y me acompaña continuamente, a quien desayuna todas las mañanas junto conmigo... ¡que gran error imperdonable que hubiéramos cometido!, ¡algo que ni nosotros mismos nos hubiésemos perdonado jamás!
Por Hector Alberto Balbastro
Ver nota completa...
A Challenge to Lefebvrism: Some Inconvenient Questions for the Society of
St. Pius X
-
*Some things need to be asked…*
A Challenge to Lefebvrism:
Some Inconvenient Questions for the Society of St. Pius X
Long-time readers of this blog know ...
Hace 1 hora

No hay comentarios:
Publicar un comentario