A muy escasos días de haberla presentado, la Santa Sede aceptó la renuncia de Monseñor Héctor Agüer como Arzobispo de La Plata. Tanta celeridad es por completo inusual y asombra habida cuenta de que por lo general los molinos vaticanos muelen lentamente. Esta vez, en cambio, el trámite fue exprés. Se ve que alguno de los “vientos renovadores” que soplan en Roma aceleró esta vez las aspas de los viejos molinos.
Por Mario Caponnetto
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