No se discute que estamos enfrentando una crisis de inmensas proporciones en la Iglesia. Así, nos golpean cada día los titulares diarios de escándalos, acusaciones, encubrimientos, doble discurso e infidelidad a los votos, la enseñanza y la inmoralidad dentro de la jerarquía de la Iglesia, todo lo cual la deja vulnerable y con una mala reputación, exactamente en el momento en que el mundo necesita desesperadamente un liderazgo moral.
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